La catástrofe del desempleo

Enhorabuena españoles. Lo hemos logrado. Hemos destruido la barrera del 25% de desempleo y lo hemos hecho por la puerta grande, condenando a una generación a empleos precarios y de baja productividad en el mejor de los casos. A vivir de subvenciones públicas o emigrar en el peor de ellos. No está mal para un país que hace menos de un lustro se jactaba de competir en ‘Champions League’. Pero eso deben ser minucias.

Sin embargo, lo verdaderamente trágico (si es que tener a un 25% de tu población en edad de trabajar sin empleo no lo es suficiente) son las tasas que se ven entre los jóvenes y entre aquellos con una menor formación educativa. Gráficos desempleo e inactividad.

Los datos están sacados de la última EPA que ha publicado el INE hoy. Se ve muy claramente quiénes son los que se están tragando las consecuencias de la crisis económica. Y no son otros que nosotros, los jóvenes. Con unas tasas de desempleo que incluso doblan las de las edades superiores (y que son, aún así, catastróficas) lo que estamos haciendo es condenar a toda una generación de jóvenes a que no sirvan para nada. No adquieren experiencia profesional ni se reincorporan al entorno académico pues ven que las perspectivas de incorporación profesional para empleos técnicos o universitarios son incluso peores que careciendo de cualificaciones académicas.

Sí, hay un porcentaje serio de gente en edades medianas con tasas de desempleo enormes, también. Me dirá alguno que eso demuestra que aquí quien lo pasa mal es ese “padre de familia”, y no niego que estamos comenzando a ver situaciones que son realmente dramáticas sobre en todo en temas de desahucios. Sin embargo, echad un ojo de nuevo a los gráficos. Tenéis 18 años, apenas estudios y se os plantea la disyuntiva de seguir estudiando o de poneros a trabajar porque en casa no llega. Os encontráis con que prácticamente un 50% de los jóvenes de 16 a 24 años están en vuestra misma situación.

Pero es que la situación cuando uno es un poco más mayor no mejora. Las tasas de desempleo entre esos jóvenes que van hasta los 30 años se sitúan transversalmente por encima del 25-30%, sin llegar a caer por debajo del 20% salvo en casos de formación profesional superior. Parad a pensar un segundo. Más de un 20% de jóvenes con titulación universitaria no encuentran trabajo. Y esa es la gente con nuevas ideas, que aporta nueva savia a una empresa y que puede proveer de un salto de productividad a una empresa en crecimiento. Toda esa gente tiene la puerta cerrada hoy en España y su única salida es el extranjero o vagabundear de un trabajo a otro.

La crisis afecta de manera general a nuestra sociedad. Eso es evidente y este post no está encaminado a negar la realidad. Lo que tenemos que pensar es qué hacer con casi la mitad de esta generación que ni encuentra acomodo en las aulas ni encuentra trabajo. Tenemos qué pensar qué está fallando en nuestro sistema educativo y laboral para que no seamos capaces, de ningún modo, de hacer sitio a esta gente con casi 50 años por delante para trabajar.

La sangría que no para en las fronteras no se soluciona con “planes de empleo”, “planes de formación” o “políticas de empleo activo” (por citar algunos ejemplos de frases vacías que utilizan nuestros representantes) que en nada ayudan a nuestra generación. No queremos que nos subvencionen y que nos regalen pan para hoy y hambre para mañana. Queremos trabajar y salir adelante en este país que nos ha dado la oportunidad de mejorar, estudiar y crecer pero que ahora nos da la espalda. Y es que en estos días tenemos que proteger al trabajador, no a su puesto de trabajo.

En otro gráfico que corre por Internet (aquí lo tenéis a la izquierda) se ve quiénes son los que han sufrido la crisis hasta el primer trimestre del año pasado. Adivinad qué grupos de edad y formación son quienes más tienen un contrato temporal y quiénes un contrato indefinido. Sí. Habéis acertado. Éramos los jóvenes quienes nos comíamos esos contratos temporales. ¿Quién no ha oído a algún familiar o amigo hablar del “a ver si me renuevan”? O, sin ir más lejos, esas cábalas que se formaban sumando tiempos de contratación a ver si se podía acceder al tan deseado estatus de “indefinido”. Esas alegrías de “¡me han hecho indefinido!” cuando un familiar te llamaba así de contento por la buena nueva.

 

¿Por qué se utilizaba entonces ese contrato temporal caracterizado por su inestabilidad y precariedad? Por sus mínimos costes de transacción y despido. La flexibilidad laboral aumentaba gracias a este tipo de contrato, que ha sido utilizado en España para sortear a los jarrones chinos que suelen ser los trabajadores con contrato indefinido. Basta echar un ojo a esta gráfica que os adjunto de Eurostat (España en azul y la media europea en verde) sobre el porcentaje de trabajadores con contrato temporal para ilustrarlo. Se ve lo evidente. El ajuste laboral en este país viene a través de la rescisión de contratos temporales. Para echarse un poco más las manos a la cabeza sólo tenéis que daros un paseo por la jurisprudencia de los Juzgados y Audiencias de lo Laboral en este país. Veréis sentencias con las que podréis tiraros de los pelos, trabajadores injustamente defendidos de un despido y una rigidez extrema que simplemente anquilosa nuestro mercado laboral y las perspectivas de futuro de toda una generación que llama a la puerta de los trabajos sin recibir respuesta.

Son varios los trabajos que en el ámbito académico vienen demostrando que un mercado laboral extremadamente rígido implica unas elevadas barreras de entrada al mercado laboral, elevando efectivamente el porcentaje de desempleo entre los jóvenes. Por mencionar un par de estudios tenemos este trabajo del Fondo Monetario Internacional de Lorenzo E. Bernal-Verdugo, Davide Furceri y Dominique Guillaume que muestra la correlación mencionada. En sus palabras (página 9):

“[…] our results show that the hiring and firing regulations index (area5bii, in column 3) has a statistically significant negative effect on youth unemployment, as a one standard deviation increase in this sub-component index results in 0.78 percentage point decrease in youth unemployment. This result may be interpreted as an indication of the negative effect that hiring and firing rigidities have particularly on young workers, who may face stronger barriers to enter the labor market.”

Sin embargo esta discusión no es nueva en España. En ‘Unemployment and Labour Market Flexibility: Spain’ de Juan Jimeno y Luis Toharia ya se discutían los efectos de la rigidez laboral en nuestro mercado laboral, y en los beneficiosos efectos que la flexibilización del mercado laboral tuvo tras la crisis de los años 70 y 80. Ver casi veinte años después el mismo debate nos indica que aquella reforma se quedó muy corta, y la última reforma laboral, más que flexibilizar el mercado y asumir una protección del trabajador (y no del puesto de trabajo), se dedica a dejarlo todo a medias, asumiendo lo malo de un sistema y de otro. Para un trabajo interesante (e ideas que siguen en pie veinte años más tarde) os recomiendo leeros el capítulo cuatro del libro que podéis encontrar casi entero en Google Scholar.

En definitiva, en España tenemos que decidir qué queremos hacer. Podemos seguir igual, aplaudiendo las “reformas” que CEOE y sindicatos consideran como elementales y que el Gobierno, más preocupado de no tocar ciertos nichos de votos que de dar solución a la sangría nacional, sacan adelante. O podemos decidir ir en una senda de futuro y flexibilizar nuestro mercado laboral. Mucha gente ha dado propuestas en este sentido (entre ellos Unión, Progreso y Democracia o la gente de FEDEA). Hay otros que proponen volver al modelo franquista de protección laboral (ignorando que la estructura económica y social hace casi tres décadas que cambiaron radicalmente). Como gente más lista que yo ha escrito sobre ello, os dejo a vuestra elección que leáis algo de ellos.

Tenemos una generación que puede irse por el sumidero de la Historia. Un conflicto intergeneracional latente y a punto de estallar. En nuestra mano está elegir hacia qué tipo de país ir. Podemos dar la patada adelante y que la gente emigre, que otros se ocupen del problema en unos años y, mientras tanto, a proteger nuestros nichos de votantes; o podemos coger el toro por los cuernos y dar una oportunidad a los jóvenes españoles. Mi opción está clara, desde luego.

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