La monarquía, Urdangarín, su futuro

Ahora que toda la gente está hablando de lo chorizo que era Urdangarín, que si se aprovechaba de la Casa Real, que si ahora tiene que llegar una  http://www.elmundo.es/elmundo/2011/12/12/espana/1323686462.html o que si la abuela fuma; yo aprovecho para distinguir lo urgente de lo importante.

Lo urgente en este caso no es que la Casa Real se reforme, que haya austeridad y transparencia. Lo urgente es que este tipo de comportamientos escapen de la opacidad que caracteriza a nuestra Jefatura del Estado y se proscriban mediante una acción clara y directa de su Jefe, el Rey, Juan Carlos I. El hecho de que haya personas que se estén lucrando con el dinero de todos los españoles gracias a su posición adquirida -y para más inri, una posición antidemocrática- es lo urgente de esta situación.

Lo importante, sin embargo, es recalcar el hecho de que la Monarquía es una institución que no es democrática. Su nacimiento en España viene dado por unas circunstancias muy específicas -simplificando mucho, o Monarquía o ya veremos qué pasa (con ruido de sables de fondo)- y tras una dictadura de casi cuarenta años de duración. Lo que no es moco de pavo. El hecho de que Juan Carlos no lo hiciese mal durante la Transición -aunque hay mucho que escarbar en el 23F- le ha servido para ganarse un prestigio entre los españoles que justifique su posición vitalicia.

Sin embargo, la institución en sí misma no logra tal apoyo entre los españoles. Siendo cierto que cuando analizamos encuestas del CIS la Corona aparece como una de las instituciones más valoradas, cruzando un poco más los datos veremos que realmente el apoyo es a la persona del Monarca, levantando incógnitas sobre el futuro de la institución una vez que el Rey muera y Felipe asuma el trono. ¿Es lógico que en España se siga sosteniendo una institución no democrática? ¿Qué tipo de legitimidad posee la Corona como para erigirse en la institución que representa a España más allá de sus fronteras sin ningún tipo de referendo popular?

El hecho es que la Monarquía está destinada a morir en nuestro país. Hechos como el de Urdangarín no adelantan más que la fecha de defunción de una institución carcomida y apolillada. La República, lejos de ser las siete plagas de Egipto, puede ser el proyecto de unión nacional que España necesita urgentemente junto a la recuperación económica. Los argumentos para defender a la Corona son, cuanto menos, débiles. La necesidad de que los españoles cumplan la mayoría de edad y elijan plenamente a sus líderes, imperiosa.

Quo vadis, Monarchia?

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